Se suponía que los audífonos con cable iban a desaparecer. Sin embargo, a medida que las personas buscan una mejor calidad de sonido y una tecnología más sencilla, están experimentando un resurgimiento.
Cuando Apple eliminó las tomas de auriculares de los iPhone en 2016, me cambié de bando. No estaba dispuesto a permitir que una compañía gigante dictara mis hábitos de escucha, así que compré un teléfono Android y me aferré a mis audífonos con cable como si me fuera la vida en ello.
Pero, con el tiempo, mi teléfono exhaló su último suspiro exactamente el mismo mes en el que Google, uno de los últimos bastiones, anunció que también eliminaría el conector para auriculares de sus teléfonos.
Lo sentí como una señal de derrota que me enviaba el universo. Así que regresé al iPhone, arrojé mis auriculares con cable a un cajón y me uní a las hordas del Bluetooth.
Quizás me rendí con demasiada facilidad porque en el último tiempo ha surgido en las sombras un movimiento discreto basado en una verdad controvertida: los auriculares con cable son mejores que los de Bluetooth.
Ventas disparadas
Las ventas se han disparado en los últimos meses. A menudo se puede obtener una mejor calidad de sonido por el mismo precio con un par de auriculares con cable, pero tampoco se trata solo de los esnobs del audio.
Los audífonos con cable se han convertido en una auténtica tendencia cultural; un resurgimiento que algunos vinculan con una reacción más amplia en contra de la tecnología.
Ya sea por motivos prácticos, políticos o estéticos, una cosa está clara: los auriculares con cable han vuelto.
«Me he convencido», dice Aryn Grusin, una trabajadora social de Portland, Oregón, en Estados Unidos, aficionada a los auriculares con cable. Hace unos meses, le pidió prestados a su prometido unos audífonos intrauriculares con cable de los de toda la vida y ya no hubo vuelta atrás.


