FUENTE BBC MUNDO
Dos días antes de someterse a una doble mastectomía, Sarah Thornton fue a nadar. Mientras se cambiaba, vio sus senos y les agradeció por estar ahí, se disculpó por no haberlos «amado lo suficiente», y les pidió que la perdonaran «por dejarlos ir».
Habían pasado siete años «estresantes y agotadores» de chequeos médicos y biopsias.
Los doctores estaban preocupados por las «muchas células raras» que tenía, cuán atípicas y cambiantes eran, y cuán diferente era una mamografía de la anterior.
Con una historia familiar de cáncer de mama, Thornton decidió, en 2018, someterse a una cirugía preventiva y se sintió «increíblemente afortunada» por no haber desarrollado la enfermedad.
Después de la intervención y de la reconstrucción, sintió «un deseo abrumador por entender los múltiples significados y usos de los senos».
Incluso un día antes de operación, le cuenta a BBC Mundo, tuvo la sensación de que estaba perdiendo algo muy importante que no había comprendido.
Con sus implantes, se sumergió en una investigación de cuatro años que la llevó a conversar con más de 200 mujeres, «la mayoría de ellas, expertas, desde diferentes perspectivas, en los senos».
En sus historias, la académica canadiense buscaba profundizar en «esta parte de nuestro cuerpo que ha sido relativamente incomprendida, desestimada e hipersexualizada hasta el punto de que muchas mujeres se sienten un poco al margen de sus propios cuerpos».
La sexualización de los senos, plantea, «les causa ansiedad a muchas mujeres».
La investigación la llevó a muchos lugares, entre ellos clubs de strippers, consultorios de cirujanos, bancos de leche, talleres de diseño de sujetadores.


