FUENTE BBC MUNDO
Algunos dicen que Estados Unidos es un país sin nombre.
Sus ciudadanos lo llaman America (así, sin acento), apropiándose del nombre de todo el continente.
Y en el uso de ese nombre le sigue buena parte del resto del mundo, incluidos, curiosamente, los países que comparten el sur del continente y que también son americanos.
América es un nombre que precede, por siglos, a la formación como país de lo que hoy es Estados Unidos, que este 4 de julio celebra los 250 años de su Declaración de Independencia.
¿De dónde viene entonces el nombre actual? ¿Y se sabe quién lo eligió?
Colonias Unidas
Durante la mayor parte del período de colonización de los siglos XVII y XVIII, las 13 colonias británicas en América del Norte no eran una unidad política.
Eso fue cambiando con la cooperación militar durante la guerra Franco-Indígena (1754-1763), un conflicto entre Francia y Gran Bretaña por el control territorial en el que ambos bandos tuvieron aliados indígenas, y con las posteriores tensiones con la metrópolis en la década de 1770.
Entonces empezó a usarse el término United Colonies (Colonias Unidas) incluso en documentos oficiales del Congreso, como el nombramiento de George Washington como comandante en jefe del Ejército Continental en 1775.
Algunas interpretaciones históricas aseguran que fue un español, Luís de Unzaga, gobernador de la Luisiana española de la época, quien, en una carta dirigida a un general de los colonos rebeldes, «bautiza» a los Estados Unidos de América como se usa hoy.
Como principal representante del Imperio español en Luisiana, hasta pocos años antes en manos de los franceses, Unzaga tuvo contacto con los colonos rebeldes, a quienes Madrid apoyaba en secreto para dañar los intereses del enemigo histórico británico.
«En su correspondencia con el mayor Charles Lee, en el verano de 1776, Unzaga le dirigió una carta con el tratamiento de ‘General de los Estados Unidos Americanos'», indica en un artículo publicado en 2021 en su sitio web el Hispanic Council, un centro de estudios que promueve las relaciones entre España y EE.UU. a través de la investigación y la divulgación histórica.
«Esta era la primera vez que un representante de una potencia europea (…) aceptase así la existencia y nacimiento de la nueva nación norteamericana», añade.


