En febrero de 2025, un grave brote de sarna se expandió por las comunidades pigmeas baka del sur de Camerún. Debido al escaso acceso que tienen a las estructuras básicas de salud, los habitantes de estos pueblos que viven en el bosque recurrieron a cortezas de árboles y a hierbas para combatir esta Enfermedad Tropical Desatendida (ETD).
Se trata de una infestación parasitaria causada por ácaros diminutos que se meten en la piel y ponen huevos, lo que acaba causando un picor intenso, sarpullidos y úlceras. Un año después, Jacqueline Nguelle, una mujer baka de unos 30 años, sigue sufriendo la contagiosa dolencia, conocida en la lengua nativa baka como sassa. Las ocho personas que viven en su casa la contrajeron. “Una se rasca y las heridas son inmediatas. No sé de dónde viene esta enfermedad”, se lamenta Nguelle, en una conversación con este periódico.
No era la primera vez que los baka, que viven en pequeños campamentos seminómadas, y dependen de la caza, la agricultura y la pesca para su subsistencia, sufrían un brote de sarna. La comunidad lucha de forma cíclica contra esta y otras enfermedades desatendidas como la esquistosomiasis o “fiebre de los caracoles”, la oncocercosis o “ceguera de los ríos”, la filariasis linfática, comúnmente conocida como “elefantiasis”, o la lepra. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de mil millones de personas en el mundo padecen alguna ETD, una lista de una veintena de enfermedades, predominantemente endémicas en áreas rurales empobrecidas de África.
Los expertos han identificado desde hace algún tiempo una preocupante relación entre estas enfermedades y la crisis climática, que Camerún sufre con especial crudeza. La subida de las temperaturas, las lluvias impredecibles o la humedad cambiante estarían influyendo en la supervivencia de los parásitos y de los vectores que los transportan, como mosquitos, moscas y caracoles de agua dulce, según los investigadores.
EL PAÍS pudo visitar a mediados de enero varias aldeas baka en el sur de Camerún junto a Fipa Tchudjeu Ronie, médica e investigadora que trabaja con estas comunidades pigmeas. Mimbil, Mekas, Koungoulou y el resto de poblados son claramente identificables por sus mongulu, las chozas con forma de cúpula en las que viven tradicionalemente sus habitantes, que han conservado su propia lengua y costumbres y se ven a menudo marginados por su baja estatura y su vida nómada.


