La respuesta varía según tu lugar de origen, pero probablemente sea algún tipo de caldo humeante servido en un tazón.
En Estados Unidos, puede ser sopa de pollo con fideos, mientras que a los italianos se les antoja la pastina in brodo casera de la nonna, pasta diminuta en un simple caldo de verduras o huesos.
En toda Asia son los congee y otras papillas de arroz cocidas a fuego lento en agua o caldo, cocinadas por madres chinas, vietnamitas, coreanas e indonesias para sus hijos.
En Europa del Este es el borscht, una sopa agria de remolacha a menudo hecha con caldo de carne y verduras salteadas, ampliamente asociada con la cocina ucraniana.
En todos los continentes, los caldos están entretejidos en la memoria cultural y familiar.
Son a los que recurrimos cuando estamos enfermos, cuando necesitamos aprovechar al máximo los ingredientes o cuando extrañamos nuestro hogar y, en algunas tradiciones, lo que servimos en momentos de celebración.
Rara vez llaman la atención por sí solos, pero forman la columna vertebral de innumerables cocinas.
FUENTE: BBC MUNDO


