FUENTE: BBC MUNDO
Los días que se siente bien, Yamila Durán se pinta la cara de verde, lila y amarillo. Cuando el ánimo no la acompaña, esta uruguaya de 18 años se hace un simple delineado negro en la clase de maquillaje artístico.
El taller forma parte de «Ni Silencio Ni Tabú», un programa de atención y promoción de la salud mental del Instituto Nacional de la Juventud (INJU), junto al Ministerio de Salud Pública (MSP) y Unicef.
La iniciativa es una de las tantas que buscan atender la salud mental en Uruguay, el país con la tasa de suicidios más alta de América Latina.
Al final de cada una de estas clases, Yamila habla con sus compañeros y coordinadores sobre las emociones que atravesó durante el ejercicio y los colores que eligió para expresarlas.
Yamila cuenta a BBC Mundo que cuando se acercó a este lugar para recibir asistencia se «sentía sola». «No me sentía entendida ni escuchada», agrega.
Si bien nunca intentó quitarse la vida, por aquel entonces llegó a fantasear con la idea. También se distanció de sus amigos y abandonó la secundaria por dos años.
«Fue después de hablar con los psicólogos e incluso con mis compañeros, cuando empecé a formar vínculos. Eso me ayudó a sentirme mejor», agrega.
Pese a la leve disminución registrada el año pasado, la tasa de suicidios en Uruguay es de 19,16 muertes por cada 100.000 habitantes.
De hecho, al publicar este julio la mejoría en las cifras anuales, las propias autoridades reconocieron que sería un error interpretar los datos como un cambio de tendencia.
En toda América, solo Guyana y Surinam superan a Uruguay, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
De acuerdo a sus últimos datos, la tasa de suicidios en la totalidad del continente es de 9,2 cada 100.000 habitantes.
En total, en 2025 se registraron en el país 668 muertes por suicidio, de las cuales 79% correspondieron a hombres y 21% a mujeres.
Mientras que los mayores de 80 años, principalmente hombres, representan el grupo más afectado por las muertes por suicidio, los intentos de quitarse la vida son más frecuentes entre adolescentes, en su mayoría mujeres, de 15 a 19 años.
Asimismo, en la presentación del informe anual, la ministra de Salud, Cristina Lustemberg, mostró su preocupación por el grupo etario de 10 a 14 años.
«Detrás de cada número hay una persona, hay una trayectoria vital interrumpida, hay una familia y una comunidad profundamente afectada», dijo la ministra.
En este 10 de septiembre, Día Mundial para la Prevención del Suicidio, hacemos foco en una problemática que sigue siendo uno de los principales desafíos de la salud pública en el mundo y que golpea con particular fuerza a Uruguay.
Y, aunque los especialistas advierten que se trata de una problemática compleja y multicausal, aquí destacamos cinco factores que pueden ayudar a entender qué ocurre en este pequeño país.
1. La soledad
La soledad figura entre los principales motivos de consulta psicológica en Uruguay.
«La época en la que vivimos es particularmente hostil para la salud mental y contribuye a que muchas personas se sientan solas», le dice a BBC Mundo la psicóloga y doctora en educación Carmen Rodríguez.
Para la profesora de la Universidad de la República de Uruguay, la dinámica social cada vez más centrada en el individuo, la productividad y el éxito pueden llegar a aumentar el sentimiento de desconexión social.
2. El silencio
Yamila encontró en sus padres una escucha inicial, pero no con el grado de profundidad que necesitaba. Como muchas familias, ellos carecían de herramientas para ayudarle a hacer frente a su angustia.
«No podía hablar con ellos porque no me decían nada», explica.
«Mi padre es un hombre bastante viejito que no cree en el psicólogo y mi mamá está trabajando todo el tiempo. Ellos tuvieron una infancia dura, entonces no saben mucho cómo hablar de estos temas», continúa.
3. El acceso a los especialistas
Uruguay ha avanzado en el reconocimiento de la salud mental como un derecho, al incorporar la atención psicológica al sistema público de salud y desarrollar distintos programas de asistencia.
«Sin embargo, considero que todavía existe una distancia importante entre el reconocimiento de ese derecho y el acceso efectivo, oportuno y adecuado a los servicios», matiza Lecuna.
Para muchos, recibir atención psicológica en Uruguay sigue siendo difícil.


