Desde su aroma inconfundible hasta los iones negativos que libera, la lluvia ofrece beneficios fascinantes para nuestro organismo, especialmente en lo que respecta a nuestro estado de ánimo.
Era el sexto día consecutivo en que el índice de calor superaba los 38°C en New Milford, Connecticut, cuando el cielo adquirió un inquietante tono púrpura.
Yo dirigía un taller de teatro al aire libre y noté que los excursionistas observaban boquiabiertos una ominosa nube de varios kilómetros de extensión, que avanzaba sobre nuestras cabezas.
De repente, un trueno sacudió el suelo y un relámpago se extendió por el firmamento como una telaraña irregular.
Oímos la lluvia antes de sentirla. Luego, de improviso, quedamos empapados bajo un torrente de gruesas gotas. Nadie lograba oír a los demás, así que señalé una plataforma techada cercana, donde se guardaban las bolsas de lavandería, y mis alumnos y yo echamos a correr hacia ella.
Empapados y riendo, nos dejamos caer sobre el montón de ropa sucia y observamos cómo la tormenta seguía desatada. Unos 30 minutos después, el cielo se despejó y el aire se percibía asombrosamente limpio y fresco.
El aroma intenso e inconfundible de la lluvia resultaba abrumador.
Mientras regresábamos caminando al lugar del ensayo, la hierba y los árboles parecían, de algún modo, más verdes y saludables.
FUENTE: BBC MUNDO


