El cuerpo humano no es una obra maestra del diseño, sino un mosaico de compromisos evolutivos

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El cuerpo humano suele describirse como una maravilla de «diseño perfecto»: elegante, eficiente y finamente ajustado a su propósito.

Sin embargo, al observarlo con más detenimiento, emerge una imagen muy diferente.

Lejos de ser una máquina impecable, el cuerpo se asemeja más a un mosaico de compromisos moldeados por millones de años de experimentación evolutiva.

La evolución no diseña estructuras desde cero, sino que modifica lo que ya existe.

En consecuencia, muchos aspectos de la anatomía humana son soluciones simplemente «suficientemente buenas»: funcionales, pero lejos de ser perfectas.

Algunos de los problemas y dolencias médicas más comunes surgen directamente de estas limitaciones heredadas.

La columna vertebral humana es el mejor ejemplo de ello.

Nuestra columna vertebral ha evolucionado poco con respecto a nuestros ancestros cuadrúpedos que habitaban en los árboles, donde funcionaba principalmente como una viga flexible para un movimiento suave de rama en rama, a la vez que protegía la médula espinal.

Cuando los humanos adoptaron la marcha bípeda, la columna vertebral conservó estas funciones.

Pero también se adaptó para la necesidad adicional de soportar nuestro peso corporal verticalmente y mantener nuestro centro de gravedad, al tiempo que nos permite la flexibilidad necesaria para movernos.

Estas demandas opuestas generan tensión.

Las curvas características de la columna vertebral humana ayudan a distribuir el peso, pero también nos predisponen al dolor lumbar, las hernias discales y los cambios degenerativos que afectan su función más importante: la protección de la médula espinal y los nervios circundantes.

Estas afecciones son extraordinariamente comunes, no porque la columna vertebral sea intrínsecamente defectuosa, sino porque realiza una función para la que no fue diseñada originalmente.

FUENTE: BBC MUNDO